viernes, 11 de marzo de 2011

Todavía.

Verte en la lejanía, tu pelo, tu cuerpo.
Todo él es ondulado, todo él está perfilado.
Tenerte cerca, sentir tu aroma.
No te veo pero te esbozo,
no te conozco pero sé quien eres.
Quiero tocarte para creerte,
toda mente te tiene grabado de solo pensarte.
Palparte ciego por la oscuridad,
Sentir el erizo de tu piel,
puedo verlo, sentirlo…. ¡Ay! Imaginaciones mías causadas por el deseo,
¿Qué deseo si no existes? ¿Si no te veo? Pero ya te imagino, ya te conozco.
No te tengo…
Todavía.
Eres toda proyección,
espectro en mi realidad,
objetivo en mis sueños,
deseo carnal en mi soledad.
No hay día que no vea como me miras,
¿ver?, ¿mirar? Que es eso, sino imaginar.
Te das la vuelta,
la luz me ciega un segundo,
después,
en una sombra, veo tus ojos, se perfilan preciosos.
Te hablo y no hay respuesta…
Todavía.
Imagino tu tacto, tu piel, tu aroma, tu sabor,
¡ay!
nada es palpable pues nada es material.
¿Quién quiere realidades teniendo todo un mundo en las ideas?
Ser humano, estúpido ser humano.
Cuando tiene algo que tocar quiere solo lo que puede evocar, ¿que será?
¡Ay soledad!
Donde solo se puede imaginar,
donde el sentido del tacto nunca se pudo hospedar.
¡Ay imaginación!
Cuanta hermosura puedes crear,
cuantas locuras puedes entregar a mentes cuerdas en principio
que al río, al final, se van.
Marea, llévame a ese punto que yo hoy no puedo vislumbrar.
Llévame antes de que me agote de buscar, pensar y dibujar.
¿Por qué tratar de ver algo que no está?...
Todavía.
Ahora toca esperar, ¿cuando el Demiurgo se complacerá en llamar?
Cruel es el ensueño que dice: imagínala, imagínala…
que ya llegará.
Tu nombre anónimo resuena, espera, ¿lo escucho?
No, todavía no.

miércoles, 26 de enero de 2011

Una crónica.


Desafortunadamente para mi mente, espíritu y cuerpo no encuentro el mismo tiempo que antes para escribir, no me cabe duda que el mundo de las letras lo agradece. Debido a esto me veo obligado a escribir un poco sobre todo lo que deseo y quiero expresar pues aunque no creo que mis ideas sean más lucidas que las de cualquiera, sin duda, estas no me dejan tranquilo hasta que no las plasmo aquí y puedo asegurar que me da relajo. Un día tendré que escribir sobre el blog en sí, pues cada día que escribo en él lo encuentro más alejado de la idea principal que me llevo a abrirlo. Pero esa es otra historia.

Vivo en los Estados Unidos desde finales de agosto de 2009, pase los primeros 11 meses en la fría Minnesota enseñando en un colegio de inmersión en español. Recuerdo con muchísimo cariño y nostalgia aquellos días, si en algo soy norteamericano diría que soy de allí.

Después de Minnesota vine a Maryland, en concreto a Silver Spring, a vivir y buscar trabajo durante el verano desde casa de mi hermano que, por casualidades del destino, vive aquí desde noviembre de 2009. Mi primer contacto con Silver Spring fue en las navidades de 2009, visité a mi hermano y pasamos los últimos días y los dos primeros del año juntos. Para mí el final de 2009 fue triste, fue un año espectacular que espero no olvidar porque todo lo que paso en ese entonces me ha hecho, en gran parte, lo que soy y lo que hago ahora. El inicio de 2010 era para comenzar a cerrar el anterior e intentar seguir la aventura americana y para eso necesitaba empezar a ahorrar y buscar un trabajo. Sus primero meses fueron los del contacto con el Instituto Cervantes de Albuquerque (Nuevo México). Finalmente no pudo ser, decidí tomar otro camino y, en verano, una vez terminado el contrato en Minnesota, vine a Silver Spring.

No fue nada fácil la búsqueda de trabajo, empezar de cero, los días y semanas fueron largos buscando y mandando CV. El paso del tiempo no ayuda y te mantiene en vilo sin saber muy bien que pensar y esperar. A finales de julio el teléfono comenzó a sonar y empezaron las entrevistas. Hubo dos puntos de inflexión en esas semanas: el primero fue cuando firme contrato para trabajar en un cine, cosa nada halagüeña. Era una prueba de fortaleza mental y espiritual pues no quería volver a hacer lo que ya había echo y sabía que no me gustaba. Era decepcionante en lo personal y profesional dar ese paso aunque estuve dispuesto a darlo sin dudar, sabía que era una opción que se barajaba y que era parte de empezar de nuevo. Incluso mi mejor amigo me escribió sobre la espiral tenebrosa de mi salida hace años y vuelta al cine. Aún así, le busqué los lados buenos, hablar inglés y conocer gente eran dos de ellos. Mi familia me apoyo sabiendo que no era lo que quería ni esperaba y me ánimo para que viera que no era un fracaso sino un momento coyuntural. Las coincidencias del destino o, el trabajo bien hecho o, los dos hicieron que, el día que debía ir a la formación, mi jefe de ahora me llamase urgentemente para dar mi primera clase. El segundo fue cuando tuve que ir a Gaithersburg a hacer una segunda entrevista para un colegio. Ir hasta esta población me supuso dos horas de autobús y metro, mi hermano me encorajino diciendo que uno nunca sabe donde está el trabajo deseado. Recuerdo salir de casa antes de que pusieran las calles, mucho antes, para llegar a tiempo a la entrevista y después de tres cortes me dieron el trabajo. Hoy no puedo estar más seguro de que era lo que buscaba.

En los cuatro meses en los que he ido y venido en autobús y metro he podido ver una de las múltiples caras de la inmigración. He compartido asiento con muchos latinos en el autobús por las mañanas yendo a trabajar. Ropas propias de la construcción, vaqueros plagados de manchas y recuerdos del día anterior que hicieron olvidar hace tiempo su color original, botas, gorros, dobles camisetas y chaquetas para paliar el frío de esperar y trabajar en la calle. Caras y manos endurecidas y curtidas por el frío, el agua, los aperos y el cemento. Miradas forjadas por la desilusión, la incomprensión y la escasez pero al mismo tiempo expectantes de algo mejor. Algunos platicaban en el bus, otros esperaban el momento de apearse en silencio, todos se bajaban en la misma parada. Ésta no es la de la oficina de empleo sino un parking de un 7 eleven donde se juntaban los inmigrantes venidos de todas partes, a mi entender muchos ilegales, para ser contratados. También veía a un latino vendiendo rosas en frente de la parada de autobús de mi colegio. Me llamó la atención por como sacaba la estampilla de una Virgen, de Guadalupe supongo, cada vez que el semáforo se ponía en rojo y le daba luz verde para intentar vender sus rosas. Por cada venta besaba la estampilla y se santiguaba. Como estas hay millones de historias de una inmigración muy alejada de mi fortuna y la de los míos. Nunca había sido tan consciente de todo lo que supone o puede suponer ser inmigrante hasta que me he parecido un poco a uno de ellos. Me siento tremendamente agradecido.

Ha habido momentos en que creía estar en un sueño. Cruzando calles como Connecticut Ave, Pennsilvania Ave, Constitution Ave, la K con la 16, la 12 con la E, Fenton, Wayne, Arcola, salgo del metro de Chinatown, Metro Center, Dupont Circle, Weathon… A finales de verano tenía una alumna a la que daba la clase en un Starbucks y debía cruzar el Nacional Mall de DC. Me encantaba caminar cruzando el area ajardinada entre el monumento a Washington y el Capitolio. En ese paseo de apenas 10 minutos mi mente se llenaba de preguntas, esperanzas, planes, imaginaciones y alegrías emborrachada por la estampa que me circundaba. Y aunque hoy este feliz de todo lo que me sucede y pasa en los Estado Unidos, yo debo reconocer que a pesar de todo, yo no vine aquí por un deseo que llevaba años quemándome la cabeza, de hecho mi idea era ir a otro país. Pero mis errores, fracasos y huidas tanto académicas como personales me trajeron aquí haciendo sarcástico el hecho de que tantos errores puedan generan un gran acierto, y una buena decisión.

Uno nunca sabe que le va a deparar el futuro, el ser humano mantiene una continua pelea para controlar éste y nada más ingenuo que creer que algún día podremos tenerlo en nuestras manos. Aún así, todos trabajamos para poder asegurarlo o incidir en él por muy pequeña que pueda ser está posibilidad, es natural el pensar y planear que vamos o queremos hacer mañana. Hoy soy muy positivo en este tema, hecho que no siempre he podido afirmar. Hago millones de planes y todos los veo color de rosa, comparto con todo el mundo el no saber que terminará sucediendo y más en mi vida que está llena de puertas abiertas a todo y todos. Pero, ¿hay algo mejor que irse a la cama pensando que mañana será un día mejor?

domingo, 31 de octubre de 2010

Reflexiones desde una silla: el inmigrante.


Comienzo a crear cierta conciencia de inmigrante, al fin y al cabo ya llevo fuera de mi país algo más de un año y aunque es poco para muchos, es mucho para alguien que nunca había estado fuera de casa más de tres semanas y siempre de vacaciones. Hace unas semanas me di cuenta de que estaba firmando contratos por un año, por dos años, trabajando diariamente y ampliando alumnos, comprando cosas, pensando en decorar mi habitación, en sacarme el carné de conducir, en si podré votar a Obama en 2012 y demás y me dije: ¡coño! esto ya no es una simple aventura de un año, comienza a ser algo más. Puedo asegurar que todo inmigrante piensa en su país y aunque emigremos siempre tenemos como meta, sueño, idea o pensamiento el volver a él. Para todos aquellos que le quitan importancia a la tierra, la patria o la nación aquí les dejo mi opinión: gilipolleces, hay pocas cosas que tiren más que el suelo donde te has criado.
No sé cuanto durara esto, pienso en ello a veces, me marco metas, proyecto y empresas para dentro de cinco o diez años fantaseando desde el sofá de mi casa. Y mientras hago esto siento una inseguridad total por lo que me pueda pasar pasado mañana, suena contradictorio pero es así, hay un alto grado de estrés. ¿Y por qué?, podrá pensar el lector. Bien, la perogrullada de, nunca es fácil empezar de nuevo es la primera respuesta que puedo dar, pero a esta la siguen muchas otras. Tiene cierto componente de estrés el salir de casa a diario a un mundo que, aunque no totalmente desconocido si lo es en gran parte. El idioma es un alto muro que escalar a diario, aún entendiendo mucho y comunicando algo menos. Puedes decir, como el ignorante de mi hacía, que todos formamos parte de Occidente y por tanto pensamos igual, no muy señor mío. Encuentro al americano muy hermético, indescifrable en muchas de sus cosas y nunca sabes si es amable por cortesía o falsedad, posiblemente mitad y mitad, pero: ¿en que momento usa una u otra? He ahí el quid de la cuestión. El ser nuevo nunca es fácil piensa por un segundo en cuando eres nuevo en el trabajo, algo se sufre y estas en casa. Multiplícalo por un millón y tendrás la sensación del que está fuera de ella. Mi hermano me comentó un día, piensa en que “todavía no te han cogido el suficiente cariño para decir, que pena han despedido al chico nuevo que era tan simpático” pues eso no solo en lo laboral sino también en lo personal.
El inmigrante sufre el estrés de la necesidad de que lo que hace merece la pena pues sacrifica toda una antigua vida para construir una nueva. Es muy difícil que un oriundo entienda esto viviendo en su país, es algo que se aprende y se considera cuando lo vives en tus propias carnes, lo digo yo que he tenido y tengo contacto cercano con inmigrantes, ¿eso me da alguna autoridad en la materia?... Se sacrifica a los amigos, con los que has creado una amistada labrada en el tiempo y, éste con la distancia y la falta de nuevas experiencias puede terminar con ella. Leí hace unos días un relato de una inmigrante española a la que una amiga le preguntaba en una de sus visitas: ¿pero tú estabas aquí cuando paso eso? Me dio que pensar. A la familia por el contrario y este por lo menos es mi agraciado caso, no se pierde nunca, para mi es ese lugar donde puedes volver siempre con la cabeza alta o baja para que te den un beso y un abrazo. También sacrificas posibles relaciones que podrían haber sido definitivas o no, nunca lo sabrás y eso puede generar angustia y tristeza, debes tener una gran convicción y firmeza en la decisión que tomaste aunque nadie puede parar al órgano que bombea la sangre. Sacrificas tus sitios favoritos, tus lugares de confianza, tus costumbres.
Los fracasos o los malos momentos son más duros aunque algo que creo que caracteriza a todo inmigrante es saber asumirlos, y sacar una lección de la que aprender para levantarse más fuerte de lo que era cuando cayó. Más moral que el Alcoyano, sino amigo, estas perdido. También, por el contrario, los triunfos y los buenos momentos se degustan con mayor satisfacción pues todo cuesta mucho más, ha supuesto un mayor esfuerzo y riesgo. La felicidad de la consecución de un objetivo va en relación al esfuerzo realizado, consabida formula física que ya inventó la señora Experiencia.
Aún así y con todo lo anterior soy un inmigrante de suerte infinita. Tengo mi nacionalidad y por tanto el derecho a estar aquí, he conseguido un trabajo que me entusiasma y desde mi estrecha visión de antiguo mileurista está bien pagado, cosa nada difícil por otro lado. Además mi trabajo tiene perspectivas de crecimiento y mejora, cosa que genera la ilusión siempre necesaria para que el ser humano siga haciendo más cosas, mejores y más importantes. Tengo parte de mi familia aquí, una parte muy importante (que me disculpe la otra parte), que me motiva a continuar, a seguir trabajando y me da la gran mayoría de mis buenos momentos. A veces pienso que si mi familia no se hubiese mudado y yo hubiese terminado recalando en Nuevo México me estaría preguntando desde hace tiempo: ¿qué coño hago aquí?

domingo, 5 de septiembre de 2010

America will give you everything you ask for. (América te dará todo lo que le pidas)

El título de esta publicación se ha convertido en mi lema en los Estados Unidos. Es una pena que no pueda apropiarmela pues no es una de mis escasas pero brillantes ocurrencias, solo puedo hacerla mía algunas veces como es el caso. Pertenece a Don Corleone en “The Godfather” y hace menos de un año me vino a la cabeza y se me ocurrió la idea de colgarla en el muro de mi hermano mayor como forma de animarle en su búsqueda de trabajo que ya había comenzado; él estaba en los Estados Unidos y era sin duda una frase muy acertada. Hoy es lema y la recordamos con cariño, en mi mente está, incluso, hacer un letrero y colgarla a la entrada de mi casa.

Desde la cuñada que me dijo: "porque no haces Amity como hizo Jose Luis" en febrero del año pasado, hasta la cuñada que me dijo: "busca trabajo en Craigslists aquí todo el mundo lo usa", en julio de este ha pasado un año y cinco meses y, como todos sabéis mi vida ha dado un vuelco por completo. Entre medias ha habido muchos días grises y noches sin dormir, 20 kilos menos, paseos interminables por Madrid, el nacimiento de mi afición a la fotografía, la mutación del blog, fortalecimiento de los lazos con mis hermanos, muy buenos momentos con nuevos y viejos amigos y también, tristes despedidas. Son muchas las cosas ocurridas y no voy a contarlas de nuevo pues en el fondo hoy escribo para sellar esta etapa. Lo que puedo afirmar es que hoy son todo buenos recuerdos, ya conocemos la memoria humana, siempre tiende a borrar lo malo y a mantener lo bueno y yo en esto no soy distinto. Aunque ahora me he dado cuenta de que hay cambios en mi forma de ser debido a lo pasado incluso cuando miro atrás y lo primero que pienso es que fue el mejor año en muchos.

“…Temo esto último pues crece en mi la convicción de que la soledad va a ser mi acompañante en el próximo año, año y medio pues hoy me encuentro de paso y en camino...” (Julio 2009, aningunodelosanteriores)

Creo que siempre tuve la necesidad de ser inmigrante aunque nunca fui consciente de todo lo que suponía, de las muchas decisiones difíciles que hay que tomar y las cosas que hay que dejar. Las decisiones han sido y son difíciles aunque lo cierto es que la más importante y principal la tome una noche sin dormir y con la losa cegadora de no saber que iba a hacer con mi vida, el castillo se me acababa de caer completamente encima; hubo cierta inconsciencia. Pero una vez tomada la he asumido, mantenido y desarrollado hasta llegar aquí y puedo decir que se ha convertido en una de las mejores cosas que he hecho nunca. No ha sido fácil y no es sola obra mía, siempre he declarado que tuve la fortuna de estar muy bien acompañado y aconsejado. No me faltan los agradecimientos a todas esas personas, ellos saben quienes son y lo que siento por ellos.
Hoy puedo decir que me he reinventado completamente, recogí los mil pedazos del castillo y lo volví a levantar más sólido que nunca y como todo ciclo, doy por terminada esta etapa y comienzo otra, he aprendido que el sol sale todas las mañanas aunque tu no lo veas. Nunca, posiblemente me haya sentido más realizado, ni haya sido más dueño de mi vida y de las decisiones que tomo. Para alguien como yo que siempre ha llegado tarde a casi todo y ha sentido que otros factores han decidido por él es toda una satisfacción, ya no pienso en lo que podía haber hecho sino en lo que he hecho y quiero hacer. Se acabo mirar al pasado eso no trae ningún futuro. Se termino estar de paso y en camino, hoy me asiento y finalmente deshago las maletas para fijar residencia, vuelvo a independizarme. He encontrado mi sitio y ya he planeado muchas de las jornadas venideras, ya os contaré sobre ellas.

viernes, 25 de junio de 2010

Un año en palabras.

Escribo ya desde DC una vez abandonada mi estancia en Minnesota hace casi una semana. Me despido después de dejar una parte de mí allí, de saber que no ha sido un año más, que no me fui como llegue. Y quiero, antes de que esta frágil memoria humana que tengo de paso a las nieblas y lagunas en los recuerdos de este viaje poner algunos en azul sobre blanco.
Todavía se encuentra nítida en mi mente la despedida de Madrid hace casi un año, la noche anterior en la que no dormí y luego, mis hermanos, madre y amigos despidiéndome en Barajas sin saber muy bien cuando volveríamos a reunirnos. Lejos esta aquel primer momento en Estados Unidos, el corto fin de semana en Nueva York, sus días fueron grises, nublados y tristes pero sus calles y gentes imponentes y de un atractivo irrefutable. Nueva York tiene una deuda conmigo y yo con ella, debemos encontrarnos de nuevo. La primera llegada a la terminal Lindbergh en St Paul-Minneapolis, el total desconcierto, desconocimiento, extrañeza y poco entendimiento del inglés, anduve perdido varias semanas subiéndome a un coche sin saber donde iba. Al día, mi primer encuentro con los que eran extraños entonces, todos venidos del continente latinoamericano: tres colombianos, un guatemalteco y una costarricense. Ahora compañeros de viajes, fatigas, risas y experiencias, buenos amigos.
El inicio de la rutina en el colegio, en las clases de inglés, las largas conversaciones en el autobús que nos llevaba en la tarde y nos traía de noche a casa con Adriana, Manolo y Camilo. Ese tiempo nos permitió empezar a conocernos, a crear lazos. En los primeros meses: Chicago, mi tercera parada y primera prueba de fuego, tenía que saber como había evolucionado después de la experiencia en Nueva York, prueba aprobada con nota media. Recuerdo el disfrutar del turismo en soledad, de la introspección, de la libertad, una ciudad que me enamoró. La inscripción en la universidad de St Thomas y sus primeras semanas, la espera en su cafetería a que empezase la clase, el paseo por el Campus y la tienda, el café en la mano, la tensión y estrés por la espera del juego grupal que se hacia en el aula, el no entender mucho, los chistes del profesor, las risas de los estudiantes y yo, callado. No olvido la mañana de Halloween, la conversación por skipe que supuso la ruptura con mi lazo en Madrid y nuestro diario, la consecuencia: seguir el camino solo. La rutina en el colegio, sus primeros meses, mi amoldamiento al día a día. Los cines, Target y cervezas en Appelbees con mis amigos los fines de semana. Nuestras risas, historias, anécdotas y ambiciones. El éxito de mi hermano después de dos meses buscando trabajo en los Estados Unidos, la alegría de su consecución, el respeto y la admiración por su sacrificio, determinación y buen hacer. Las consecuentes navidades en Washington DC con él, culmen inmejorable a un año espectacular de crecimiento personal, la construcción y asentamiento de mi vida y mundo individual. Si José Luis, al final tenías razón, fue un gran año. La vuelta de Rachael, su apoyo incondicional en los peores momentos, su generosidad, confianza y confidencia, a la larga imprescindible, espero amiga para el resto, gracias. La vuelta al trabajo y la cercanía de mi cumpleaños, momento cada vez más difícil de asumir. Cumpleaños en Wisconsin, la cervecería LakeFront, We closed Wolskis y el black jack matinal, siempre muy bien acompañado, gracias. El email de mi hermano menor haciéndome ver sin darse cuenta de la bonita realidad que vivía, comparar el regalo ingrato y amargo de cumpleaños del 2009 y el regalo esperanzador del 2010, gracias. La sorpresa en el club de fotografía por el talento de los estudiantes, mi entusiasmo en los proyectos, la aportación en los temas, seguir profundizando en mi afición. Mi rencuentro con mi segunda tierra once años después, mi querida tía y su estimado marido, mi prima, sus amigas, El Morro de San Juan. El duro paso por cuarto grado, el aprendizaje, análisis y esfuerzo psicológico. Las clases de inglés, mi mayor fluidez y confianza hablando, la satisfacción de comunicar, los compañeros de mil partes del mundo, los certificados en reading y listening. El Springbreak, el reencuentro con mis padres, su generosidad, su cariño, su apoyo e impulso, gracias. Mi hermano, mi cuñada, mis sobris. La cercanía, las bromas, la tranquilidad, el amor sincero, la barbacoa, gracias familia. La vuelta a la realidad, Cindy y nuestras conversaciones en inglés y en español, el café, una nueva amistad. Suma de incomprensiones, de formas de ser, de expresar, de escribir y de sentir, choque cultural. Momento difícil y triste, una suma más de esta impagable experiencia. Mi hermano menor y su boda, mi querida no cuñada ahora cuñada, ambos son gran parte de mi Madrid, sus calles son recuerdo del refugio y abrigo que necesité. Los buenos amigos y excompañeros de trabajo, nuestras conversaciones, bromas, intimidades, por desgracia el viaje fue corto, rápido e insuficiente. El ver de nuevo al Gato que vive en General Haya, sus exigencias, su mirada pícara, su fuerza, nuestra imposibilidad, nada cambia. Una boda perfecta, felicidad plena, broche final del 2009 para mi hermano, aunque cinco meses después. Reunión familiar, tíos y primos, nuestra eterna complicidad, una conversación a las 8 de la mañana. La vuelta a la realidad, a Estados Unidos, a Minnesota, la recta final, quinto grado, mis aportaciones en clase, el crecimiento profesional, las secciones semanales, “hablando correctamente”, sentirme en parte como un fifthgrader más pues ambos abandonaríamos pronto Nuevas Fronteras. Las despedidas, recuerdos, promesas, bonitas palabras dichas y escritas, anécdotas, fotos, toma de conciencia del tiempo, final del año, abrazos, lágrimas, besos.
Los objetos ya son recuerdos del año que terminó, las personas ya son amigas para los venideros. Ahora Washington DC.

domingo, 11 de abril de 2010

Desear algo siempre implica un riesgo.

Ha habido más de una noche en los últimos meses que me he levantado en mitad de la madrugada completamente desubicado, desconcertado y algo sudoroso preguntándome donde me encuentro, con el miedo y angustia inicial que esto provoca. He abierto los ojos rápidamente, he levantado el tronco hasta formar un ángulo de 90º con mi cadera y he comenzado a mirar a mi alrededor esperando que el ojo se acostumbre a la oscuridad profunda de la habitación y me insinúe los perfiles de los objetos que me rodean. Con cierta conciencia busco la luz roja de los números digitales del despertador pues siempre me ayuda para volver a ubicarme en la noche.
Comienzo a pensar que lo anterior es un efecto normal causado por el hecho de que en unos 15 meses he dormido en casas, camas, habitaciones, ciudades e incluso países muy diferentes. Me he movido mucho últimamente, he comprobado empíricamente la ley que nos advierte de que una acción causa una reacción y, sin duda, el primer movimiento que hice hace año y medio ha cambiado mi vida por completo. Llevo cuatro mudanzas en el último año y tres meses y voy a por la quinta dentro de dos, eso me da una media de una residencia nueva cada cuatro meses y para hacerlo más complicado si cabe he cambiado de país, continente, lengua, clima e indudablemente de cultura.

Hice esta foto el dos de enero de este año, salía de cepillarme los dientes en la casa de mi hermano en Washington DC y, al acercarme a la habitación la puerta entornada me mostraba mis efectos personales bien ordenados y dispuestos encima de la cama para ser metidos en mi mochila. Había disfrutado de parte de las navidades con él y enseguida cierta tristeza me embargó pues llevaba tiempo con la necesidad de sentirme en casa y él, siempre consigue que me sienta en ella. Esa maleta representaba el partir y volver a terreno ajeno aunque al mismo tiempo marcaba la hora de comenzar a trabajar para conseguir uno propio.
Los que bien me conocen saben que soy de los que gusta negar en ocasiones cosas que parecen más que evidentes y demostradas aunque, la mayoría de las veces lo hago por el placer de generar debate e intercambiar ideas; defecto que me ha generado más de un sonrojo. Hoy no voy a negar la clara evidencia de que el hombre es un ser sociable y busca encontrar un asentamiento donde realizar su vida en sociedad. Yo afortunada o desafortunadamente todavía no lo he encontrado aunque, nadie me puede negar que no lo intente con ahínco. Soy consciente de que por un lado el carecer de residencia fija ofrece millones de oportunidades si las buscas, como todo en esta vida. Te da completa libertad y te permite estar abierto a tomar multitud de decisiones y cambiar tu vida en un instante o hacer de ella algo especial que nunca hubieras pensado hacer o, simplemente lo contrario. Un ejemplo claro es lo que hoy vivo y pretendo. Hace dos años hubiera tratado como a un loco a todo aquel que simplemente hubiese insinuado que lo que estoy haciendo hoy sería posible.
Una vez dicho esto, también es cierto que cuando estas en esta situación debes lidiar con el sentimiento de soledad que genera la incertidumbre de no saber donde estarás mañana, saber que estas de paso, no tener una visión de cierta permanencia, momento de despedida constante. Hay miedo a tomar decisiones que te alejen de todo lo que has conocido hasta ahora o, la sensación, poco tranquilizadora, de no tener ninguna propiedad palpable todavía.
Son muchas las sensaciones y sentimientos que albergo, sin duda unos días me fascinan y motivan y otros me generan angustia y temor. Son pocos los términos medios, los grises o los caminos del medio existentes en mi vida a día de hoy. Como hace un año sigo sintiendo todo con una fuerza exagerada e inusitada, me sigo emocionando por millones de cosas tanto pequeñas como gigantescas, no puedo evitar en ocasiones derramar alguna lágrima o dibujar la sonrisa del que sabe que algo increíble le espera a la vuelta de la esquina. No sé si soy extremadamente frágil y vulnerable o capaz de empresas gigantes e inabarcables: ¿coloso o liliputiense? … posiblemente ninguno. La idea de que nunca he demostrado gran cosa o que, no tengo todo aquello que pensaba que tendría a esta altura del camino muchas veces me entristece aunque nunca me derriba. También, comienzo a darme cuenta de que puedo hacer algo especial e inimaginable y la vida me esta dando esa oportunidad, una vez más, es mi decisión ir a por ello si lo deseo.
Desear algo siempre implica un riesgo.

lunes, 22 de febrero de 2010

Azul.

Azules son tus ojos,
Azules como el planeta tierra visto desde el espacio. El astronauta sentado disfruta de ella, fortuna de pocos piensa. Ignorante al no saber que tanta belleza se puede encontrar en la tierra, que hay finura semejante al alcance de cualquiera. Ingenuo él que se cree privilegiado al observar una, aquí colmados vemos dos.
Azul cristalino. Transparentes como el mar Caribe. Cada pupila es una isla deshabitada a la espera de su naufrago ¡Qué fortuna para el que naufraga en ellos! ¡Qué gozo para aquel que se sienta sabedor de no abandonarlos! ¡Qué demencia absoluta desear lo contrario!
Azul cielo. En el se siente uno al observarlos. Hay un deseo, recorrerlos lentamente navegando tumbado en una nube, parar en cada estrella que los hace centellear. No ser nunca su chubasco, abrir el cielo para iluminarlos.
Azul claro mañana. Despertarse con ellos. Ser la primera imagen que ves y reflejan una vez abiertos. No imagino un espejo más cálido que observar, ni por el que ser manifestado. El único maitines deseado, una ensoñación aun despertado.
Azul oscuro noche. Placer de unos pocos haber dormido con ellos. Verlos en el momento del relajo. No existe el frío delante de ellos. Inspiración de sueños, fiebre de deseos. Que perdida de tiempo contemplarlos cerrados, como la noche en blanco, que se mantengan abiertos.
Preso esta el que cae en ellos, recuerdo inolvidable para el se para y los ve, angustia son por no poder olvidarlos, serenidad ofrecen al retomarlos. Envidia de los felinos son, estudio para ópticos, el cielo en la tierra, el mar del océano, el faro para el perdido que los esta buscando.
Mi aspiración es ser los parpados que los dan descanso, la lágrima que los inunda, el brillo que los hacen pícaros, la luz que los iluminan, la persona que andan buscando, el beso que los cierra, la luz que los encoge, la oscuridad que los dilata... Su reflejo cotidiano.

martes, 12 de enero de 2010

Impulso.

Si cada letra que escribo es una lágrima.
Si cada palabra es un sentimiento.
Si cada oración que consigo terminar con éxito es una forma de expresarme.
Si el expresarme es clamar al cielo que existo.
Si existir es vivir, sentir, llorar y aprender.
Si no hay existencia sin alegría ni dolor.
Si puedo hacer del dolor algo que merezca la pena.
Si ser feliz es un estado puntual y por tanto sigo en estado normal.
Si lo normal es todo aquello que nos impide ser diferentes y, ser diferentes es cada vez más complicado.
Si todo ha sido inventado entonces, lo inventado ya existe y, lo que existe es mortal.
Si ser mortal es una forma de empezar algo sabiendo que se va a acabar.
Si esto nos da miedo y, el miedo puede ayudar o impedir.
Si el ayudar debe ser un deber moral y el impedir un freno estropeado.
Si el vivir me desgasta y al mismo tiempo me crea.
Si cuando creo en algo lo siento y el sentir puede gastarte por dentro y a la vez salirte de adentro.
Si el salir me permite confrontarme y reflejarme.
Si el reflejarme nos da miedo pues nos dice quienes somos.
Si el confrontarme puede sacar lo peor que tenemos en el alma.
Si el ser y estar pueden estar separados y a la misma vez unidos.
Si lo primero es ser y estar y lo último no siendo y estando.
Estate, pues es necesidad; sé pues es vivir.
Vivir no es siempre fácil y nadie te dijó que lo sería; que vivir de forma fácil es perderse en esta estadía.
Porque buscar simetrías si eso solo nos asemeja.
Si el impulso es prueba que me diferencia, lo escrito de que siento, el blog de que estoy y, espero que tu des fé...que yo soy.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Delirio.

Consciente soy que la distancia me aleja de ti en el espacio y a la vez, me diferencia en el horario. Esto me provoca expectación por si existe una mínima posibilidad de encontrarte como antes; me hace buscarte en cualquier parte, esperarte sin reloj, agranda mis ganas de verte, de sentirte, de mirarte, mi necesidad de ti se expande como el espacio.
A veces quiero escapar de aquí, salir de esta tierra ajena, lejana y fría. Me ilusiono con la posibilidad de saltar y volar como si estuviera en el cuento de Peter Pan. Impulsarme hasta el cielo y la tercera nube a la derecha directo a tu sofá, a tu terraza, a tu estancia, a tu presencia. Renuevo en este cuento nuestras conversaciones bajo la luz de esos focos que son las estrellas en la noche, de las sombras de los portales que genera la brillante luna, de la intimidad que proporciona Madrid en la medianoche. La posibilidad imposible de que “Nunca Jamás” me alejaré de ti pues no hubo decisiones previas. Al final paso la última página y cierro el libro. Solo un cuento puedes ser.
Otras veces, cuando el sol cae para dar relevo a la luna, en ese instante donde se toca con la tierra dividiéndolo por la mitad, compartiéndolo con tu lado del mundo; gustaría de ser un gran pintor, agarrar un pincel y disfrutar de la paleta de colores que me proporciona el firmamento. Éste ofrece tonalidades de rojos, naranjas, violetas y azules, mezclados con el blanco de las nubes. Poder dibujarte en esa gran bóveda que es la tierra tal como hicieran los pintores del Renacimiento pero con los colores de los impresionistas. Morado oscuro el pelo, de constante cambio, dependiendo del reflejo y golpe de luz sobre él. Ojos marrones cristalinos, claros y brillantes capaces de reflejar las realidades de “Las meninas” de Velázquez. Dientes marfil, sonrisa pura, pícara, juguetona. Estiloso cuerpo que perfilo en un solo golpe sin levantar el pincel con colores azules y rosados pastel. Dar movimiento a tu andar brioso, seguro, incansable aunque necesitado de una mano, de un cuerpo, de una mente que le de sustento. Al final el color se termina, el sol marcha contigo y me cubre de negro borrando mi pensamiento. Solo un dibujo puedes ser.
Tantas otras, puedo encontrarte en mis sueños que son baúl de mis recuerdos. Morfeo los baraja como naipes y abre juego a placer cada noche de las 365 que hay. Impulso y vocación de mis imaginaciones eres. En ellas te haces dueña única de mi ensueño, te me revelas en él, me hablas y te escucho, me acaricias y de gallina se me pone el bello. En ese instante hay tanta fuerza y comunión que se rompe la barrera de lo real, del espacio tiempo, de la ciencia y la lógica. Los pilares del mundo se caen y suspendidos en el aire quedamos, todo podemos hacer pues no hay regla, ni dique, ni ley, ni convención, ni educación, ni sociedad que nos impida compartirnos, dañarnos o definitivamente aunarnos. Mirarte más allá de tu mirada, olerte más allá de tu fragancia, tocarte más allá del sentido del tacto. Saborear ese instante conocedor de que tiene inicio y final, y que cada momento te acerca a éste invariablemente; pero también lo hace único, irrepetible, diferente. Al final, el sin sabor de despertarme al instante, entreabro un ojo, después el otro. Pasar de la cercanía del sueño en la oscuridad, a la lejanía que refleja la luz que muestra la realidad. Solo un sueño puedes ser.
¡Pero que sueño, que dibujo, que cuento! En todos ellos, por poco tiempo que sea, por poco que se mantenga, por vaporoso o imaginario que sea, te tengo a voluntad. Capto tus colores, tus reflejos, tus sueños, tus sombras, tus luces, tus letras y pensamientos. En mis delirios te puedo leer, dibujar y soñar… hacerte y escucharte reír.

martes, 8 de septiembre de 2009

El terminar de un día, el comenzar de otro.

Escribo ya estas líneas desde el otro lado del charco, desde lo que algunos hemos decidido llamar “la gran nevera”. Aquí el cielo es de un azul pastel y plagado de nubes esta, normalmente pequeñas y abundantes. En ocasiones me parecen pequeñas islas en busca de un rato del sol que las caliente y al mismo tiempo irremediablemente apagan durante un leve rato la luz que nos llega a esos seres pequeños que somos desde aquellas alturas. Atrás queda ya ese “terminar de un día”, antiguo nombre de la foto en el margen derecho de este blog que mientras publico esto ya ha cambiado. Un periodo de transición que ha finalizado llevándome al sitio desde el que hoy escribo.

Llevo una semana en los Estados Unidos, mis primeros días los pasé en Nueva York, en la Gran Manzana Podrida como la nombran en una famosa película. Ciudad de cristal, hierro y ladrillo rojo liso o rugoso. De una fotogenia especial, imantada para el turista, repleta de actividad, interminable para el andante, infinita en su altura y por lo poco que hablé coincidencia en no ser grata para los taxistas. Lo cierto es que si hay choque de civilizaciones y culturas no he estado en sitio que lo refleje mejor. Ciudad en la que puedes encontrar un barrio donde los letreros, la gente, los negocios, la comida, la costumbre y los olores son de otro país, cultura e idioma sin que exista un conflicto de identidad nacional, esto no es posible en todos los países. Sin duda en España a día de hoy y de siempre sería inconcebible, no sé si por nuestro diferente carácter, nuestro más que probable provincianismo o porque nuestra historia nos muestra y enseña que siempre consideramos lo nuestro como sagrado y por tanto intocable. Nueva York se me presentó con carácter duro al inicio, alejado, frío, resbaladizo, gris e impersonal y muy posiblemente lo sea, pero con el pasar del tiempo es también alegre, improvisado, sorprendente, alternativo y espacioso. Es complicado no enamorarte completamente de ella en unas horas, en pocos días aunque no sé si este romance dura un baile, una noche o una luna de miel.
Para llegar a St Paul hice escala en Filadelfia, aquí llegue en lo que para J. Ford sería La Diligencia moderna. Un avión de vuelo interno con solo dieciocho asientos, dos motores, tres tripulantes y unos pasajeros de lo más representativo. Un militar uniformado para la guerra del desierto, varios hombres con bigotes típicos alargados hasta la comisura de los labios, predominio del pantalón corto y las sandalias, algún afro americano, y una rubia que parecía de vuelta de todo. Mi destino Woodbury, suburbio (pueblos) cercano a St Paul en Minnesota de clase media, donde uno puede apreciar en pocos días cuál es el modelo de vida norteamericano tan plagiado y perseguido a la par que denostado en Europa.

Escribo en un momento de desvelo, son las cinco y veinte de la mañana y me da miedo levantar la persiana que podría mostrarme el secreto de un mundo que parece completamente nuevo cada día. Como si millones de pequeños seres limpiasen, cortasen, barriesen, frotasen y colocasen todo el escenario que en muchas ocasiones parece este lugar. Los suburbios son respetuosos con la naturaleza que le circunda, casas mayoritariamente individuales y otras adosadas, jardines y césped que nada tienen que envidiar con los de los estadios de fútbol profesional, espacios verdes para cada casa y comunidad, orden y concierto en la construcción, todo de cuento y a mi entender algo artificial. No sé si es parte de mi mentalidad oscura, mi escepticismo obligado, mi construcción mental que todavía se aferra a España o las tres al mismo tiempo pero sin dudad hay un fondo que me parece de cartón piedra. En mis viajes por los suburbios me doy cuenta de que es copia uno del otro, otro del siguiente y, el siguiente de aquel. El mismo orden, el mismo tipo de construcción, el mismo gran centro comercial con las mismas tiendas, separado a la misma distancia del centro residencial, todo ha sido medido por la misma regla, cortado por el mismo sastre, construido por el mismo alfarero. Me pregunto si esto genera individualidades atrapadas en un mismo tablero, con distancias perfectamente medidas para que todo encaje, sea regular, que todos jueguen con las mismas reglas, que nada se salga de la línea dibujada, tiempo espero tener para dar respuesta a esta y otras preguntas.

martes, 11 de agosto de 2009

Para mi Océano, firmado por Letizia Lopreiato

Si escribiese de amor
escribiría de viento,
de aquel instante sutil
cuando una brisa
venida de un tiempo y lugar lejanos
te roza el alma,
sedante,
te deja continuar creyendo en la presencia de aquella luz,
de aquel aliento suspendido en el vacío de un abrazo nocturno.
Un beso de los labios cerrados,
una mirada prendida de una sonrisa.
Aquel espacio entre dos mitades perfectas,
aquel vórtice de energía que abruma,
que hiela y quema a la vez.
Es el momento que se pierde,
encadenados a las olas del océano,
una Andrómeda sacrificada al dios del mar,
un vellón de oro perdido y encontrado…
¿Hablamos de fábulas entonces?
De un cuento gótico.
¿De un amor imposible entre la leyenda y la realidad?
¿De que hablamos pues?
Hablamos de una poesía inconclusa.
De un momento nunca más buscado,
condenado por el dios del miedo,
a ser recordado.
A dormirse llorando.
A morir de amor en el deseo de revivir,
por un momento,
aquella perfección
nacida del encuentro entre el sol.
Y el mar.

sábado, 25 de julio de 2009

Reflexiones desde una silla: la soledad.

Caí en soledad en enero y desde entonces han pasado muchas cosas en mi vida. Algunas son efectos provocados por la ruptura y otras pertenecen a causas creadas por mi voluntad con efectos que se escapan a esta. Me resulta gracioso que hoy deba esforzarme para recordar todos los matices de lo acaecido en el triste primer trimestre de este año, cuando en el momento lo sentí como epicentro de un terremoto de siete puntos en la escala Richter. Tengo gravada una conversación con mi no cuñada por aquellas fechas, recuerdo que me dijo: “…debes dedicarte tiempo a ti mismo” después de que yo le comentase que en los últimos ocho años había pasado sin pareja cinco o seis meses únicamente. Éste simple consejo me ha llevado cinco meses digerirlo y comprenderlo en toda su extensión, pues en un inicio la picadura provocada por el mosquito brasileño de la dengue no me permitía pensar con absoluta claridad. Hoy veo las cosas desde otra perspectiva, la fiebre ha pasado, ya no encuentro alteración en mi meditar o en mi sentir como antaño. Las horas que se hacían eternas antes, pasan ahora con la ligereza que vemos en la pluma cuando es mecida por la suave y escasa brisa, los días y semanas que parecían años insufribles e interminables se vuelven minutos en la esfera de mi recuerdo. La cercanía del descanso de fin de semana no me crea las turbaciones como en el pasado, que comenzaban a germinar los lunes para ser monstruos gigantes el viernes. ¡No hay Convención Jacobina que dure eternamente! no hay pueblo ni ser que pueda aguantarla indefinidamente, siempre llega un Termidor que finalmente da inicio a una nueva paz.
Me encuentro en cierta soledad incluso cuando estoy acompañado, muy bien acompañado. Hay rincones del alma que no pueden ser llenados por nadie más que la persona con la que quieres compartirla. Esas estancias no se orientan hasta que ella abre la puerta y retira las cortinas para dar paso a una nueva luz que la ilumine revitalizándola, esa cerradura no acepta llaves maestras. Mientras se encuentra deshabitada, en ocasiones, se generan imágenes proyectadas por sombras o sonidos procedentes de algún pasado que pueden hacerte caer en la nostalgia.
La soledad a la que me vi obligado en enero, pues me encontraba dichoso con la manta calurosa que me arropaba en los días de frío, me ha llevado, con el paso del tiempo, a escucharme a mi mismo como muy bien me aconsejaron. Los ruidos de la calle pasada a los que ya ofrezco solo mi espalda se han apagado, son imperceptibles, hoy solo escucho mi palpitar y caminar monorrimo. Se necesita soledad para pensar, para decidir de forma individual, para ser libre si puede serlo uno enteramente en algún momento de la vida. El tren que te lleva a tu viaje interior solo tiene un asiento. No se puede construir algo sincero desde la turbulencia de la tormenta, no puede haber honestidad mientras Morfeo aún te traiga, en las horas que compartes con él, tu pasado al presente y en ocasiones consigue mantenerlo incluso una vez abiertos los ojos. No se puede estar seguro de lo que se quiere para el futuro si el pretérito todavía puede influir en tu ánimo y en ocasiones reaparecer en tu hoy. Por tanto, la soledad no debe crear miedo o angustia pues es un espacio temporal necesario para poder elegir desde la reflexión individual el futuro, momento para arriesgarse y buscarse a uno mismo y, barbecho necesario para el inicio de la próxima vida.
Dicho lo anterior, la soledad aunque necesaria debe ser simplemente una periodo más del camino, pues convencido estoy hoy, de que la vida solo adquiere y tiene sentido si se está acompañada por la persona que has querido que te de los buenos días y las buenas noches cada vez que abandonas y retomas la cama. Con la que compartes las constantes alegrías y tristezas, los éxitos y fracasos, los retos y proyectos. Encontrarte, sin pensarlo, mirándola como si no lo fueses a volver a hacer o por el contrario como si fuese la primera vez. Mantener un mismo ritmo acompasado de la respiración y del latir del corazón en silencios compartidos en el espacio, la elección querida para los momentos en que la oración compartir lo íntimo se lleva a su última expresión.
La soledad alargada en el tiempo puede convertirse en un estado de profunda melancolía y nostalguia. El que aquí escribe se suma a la idea de Aristóteles de que aquel que consigue vivir en plena soledad solo puede ser “… un Dios o una bestia”. Temo esto último pues crece en mi la convicción de que la soledad va a ser mi acompañante en el próximo año, año y medio pues hoy me encuentro de paso y en camino...

miércoles, 1 de julio de 2009

Él lo sentía así.


Lleva varios días desestabilizado en lo sentimental, aunque por razones bien diferentes a motivaciones pretéritas. El marchito y seco árbol que fue su corazón parece reverdecer en estos días. Un sol cálido con fragancia de mujer le ha hecho palpitar de nuevo su destrozado corazón; éste no estaba en pleno funcionamiento, partido en mil pedazos por un rayo se ha ido reconstruyendo no sin mucho dolor, paciencia y tiempo. Lo reconstruido ya late, muestra vigor y con fuerza comienza a retomar el bombeo que riega su organismo al cual da vida y su sentir que le da sentido a ésta.
Llevaba una semana muy sorprendido consigo mismo, él había pensado en multitud de horas, momentos, conversaciones y lugares que tardaría en volver a sentirse interesado por una mujer. La herida todavía es reciente, en ocasiones le pica, se rasca y una gota de sangre se descuelga de lo cicatrizado aunque enseguida para y encuentra acomodo en otra parte de su cuerpo fortaleciéndolo. Ahora otra mujer se ha introducido en su pensamiento, forma parte de la lista de preocupaciones que repasa día a día. Sin duda se instaló con su consentimiento, a una velocidad envenenada y dejando el regusto de una droga que te mantiene con las ganas de repetir de nuevo.
Estás tonto, ¿o qué? Se repetía casi a diario, en cada momento que se sorprendía recordando miradas, sonrisas, conversaciones enteras que transcurrieron tan rápido por ignorar que estaban contadas por el Dios Cronos. Sé daba cuenta que su fragancia debía de estar tan de moda como las gafas de aviador al estilo Top Gun que se ven por todo Madrid. En cualquier lugar y momento al pasar una mujer ella estaba de nuevo presente, en el momento que se levantaba una pequeña brisa el aroma de su perfume viajaba hasta introducirse por todos los poros de su piel y ella volvía a estar presente dando impulso una vez más a la rueca que es el pensamiento. Qué difícil resulta quitarse de la cabeza a alguien que sin darte cuenta ya forma parte de ella.
La historia no era reciente pero tampoco lejana, recordaba que intimaron cuando el abrigo todavía era necesario para poder pasear por Madrid, que la noche llegaba en seguida, que se dormía arropado en la cama, que el sol todavía acariciaba. El primer encuentro fue de lo más inocente, no hubo intención de nada, surgió sin esperarlo o meditarlo. La sorpresa fue máxima, el asombro superlativo, la inquietud constante, el interés se fue robusteciendo con el pasar de las horas y los días. Se vieron tres o cuatro veces, compartieron cañas, tapas, cine y cena. Él no vivía su mejor momento, su ánimo era bajo, las dudas le asaltaban constantemente y aún así le guardaba sus mejores sonrisas, sus mejores momentos del día los empaquetaba con la indicación: no abrir hasta estar delante de ella. De todas formas la historia no fructificó. Con el paso del tiempo él lo fue entendiendo mejor, volvió a concentrarse en sus cosas, lo analizó bien, sabía que no podía ser, que tenía fecha de caducidad por razones propias, que por mucho que en un principio no fuese lo querido si era lo más acertado. Incluso concluyó que posiblemente estaba buscando, sin darse cuenta, lo que acababa de perder no hacia mucho, y eso no era certero.
Paso el tiempo y aunque presente en el pensamiento unas cosas fueron tapando otras, los días y las semanas transcurrieron. Hasta no hace muchos días, algo les quedaba pendiente todavía, el encuentro fue inevitable y en parte deseado. Para él la chispa saltó de nuevo, el tiempo transcurrido había curado parte de la herida que le mantuvo triste e inestable en el pasado, la mirada había cambiado, la tranquilidad que le habían dado la resolución de los proyectos iniciados le daban soltura, estabilidad, consistencia y aún así sucumbió igual que las primeras veces. Hay algo en ella que no le permite terminar, que le da permanencia en lo más profundo de su sentir. Se dijo mil veces que fue un momento pasajero, un capricho muy dulce que formó parte de unas circunstancias muy concretas y en parte poco afortunadas. Pero este reencuentro con la consiguiente renovación del nerviosismo y el que retome la estancia permanente en su pensamiento le da muestras de que para él, en el fondo, fue algo más, tenga continuaciones o no, sea compartido o simplemente propio, sea querido o aborrecido, voluntario o involuntario, buscado o renunciado, fatigoso o ligero. Él lo sentía así.

martes, 23 de junio de 2009

Divagaciones nocturnas.

El calor ya no sólo pertenece al día también se asienta en las noches madrileñas; sin compartir espacio con la luna por cuestión de tiempo el sol le deja una calida marca a lo largo de la noche. No hay ni un átomo de brisa a ninguna hora y en ningún lugar, ni los pájaros pían ya por asfixia y si lo hacen la inexistencia de aire que lleve su canto más allá de sus compactos y plumíferos cuellos los condena al olvido. Son la 1 y 24 de la mañana de un lunes, creo que oficialmente el primero de verano, me levanto de la cama ocurriéndoseme el escribir alguna de estas líneas que aquí público ya que el calor y mi mente no paran, la primera de hacerme dar vueltas en busca de un lado medio frío, la otra gira por propia inercia. La programación televisiva nocturna del lunes es de las más decentes de la semana, cuanto menos en Telemadrid echan uno de mis programas favoritos: “Madrileños por el mundo”, que muchos seguro vemos preguntándonos: ¿donde nos vamos hoy? Y, yo ahora con mayor expectación ya que en breve, y me hace cada vez más gracia pensarlo puede, a lo mejor, igual, quizás participar en el programa alguno de estos días. A éste le sigue “Diario de la noche” presentado por, el que considero algo resentido desde su expulsión de El País, Hermann Tertsch, en mi casa conocido como Hermann Hesse por mi hermano mayor, y por mi algo más rebuscado e incluso ofensivo por Hermann Hess comparándolo con Rudolf debido a su fuerte negatividad e incluso agresividad en sus editoriales, comentarios y entrevistas. En casa nos tomamos con guasa el hecho de que parece que cobra las sonrisas, ¡joder Herman parece que imitas a Horatio de CSI! éste con las miradas y tú con las sonrisas. Él, estoy seguro las cobra bien y ofrece dos o tres por capitulo. Tú, en cambio, te encontrarías en la mayor de las indigencias si de estas dependiese tú nómina; es que ni en el anuncio que publicita el telediario ¡Sonríe coño! Que a mi entender tienes el mejor diario del día aunque sea nocturno.
Más allá de esta tontería que ahora ha traspasado las puertas de mi casa la cuestión es que habiendo visto estos dos programas y embriagado por la compañía de mi amiga María me dispongo a continuar leyendo “Tiempo nublado” de Octavio Paz, que por cierto recomiendo a todo aquel que este interesado por el ensayo histórico-político. En él, hace algunos ensayos nombró al autor M. Kundera, que por mi extensa ignorancia sólo conozco gracias al blog de un buen amigo que tiene colgada una cita suya: "Desprecia la literatura en la que los autores delatan todas sus intimidades y las de sus amigos. La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo." La leí hace algunos meses y me hizo dudar sobre el nuevo camino que en ese momento estaba imprimiendo al blog, es más que evidente que le hice poco caso.
En contraposición a está me acordé de una de mis escenas favoritas del cine enclavada en “Doctor Zhivago”. En un descanso del largo y frío camino a Yuriatín Zhivago se pierde con la mala suerte de caer ante el tren de Stresnikov, ferviente revolucionario desde el 17 y oficial famoso por su crueldad, ortodoxia socialista y oficial al mando de uno de los frentes contra los blancos. Éste le dice a Zhivago, una vez reconocido, que él leía antes de la Revolución sus poemas, incluso admite que le gustaban pero que después de la Revolución los encuentra demasiado individualistas e intimistas, concluyendo: la vida privada en Rusia ha muerto.
Lo privado, lo individual, lo intimo desaparece para dar paso a lo público, colectivo y externo. De esta forma tan indirecta me doy cuenta de que estos últimos meses, podría decir, he reafirmado mi carácter liberal en este espacio, que hablar de lo personal si nos metemos en lo ideológico pertenece al liberalismo. No hay nada más libre que un individuo cualquiera expresando sus sentimientos, y no hay duda que más allá de su singularidad estos son compartidos por una generalidad. Desde la individualidad se construye de una manera más fehaciente, más sincera y más ajustada una colectividad, y no al contrario. No hay masa, pueblo, nación o sociedad inteligente y crítica si en ella no hay libertad individual. Detesto a aquellos que se arrogan, normalmente siempre desde el poder, la autoridad de expender licencias de lo que es moderno, avanzado, justo, acertado, digno o correcto y al mismo tiempo su contrario lo que es retrógrado, pretérito, rancio, indigno o carca. Sirva como ejemplo que no hace muchos días desde el ministerio, más totalitario de Europa por su denominación, de Igualdad que pretende con su más que probada indocta ministra – ¿para ser coherente no debería ocuparse del ministerio dos ministros, uno mujer y otro varón? - y desde arriba formar lo que ella ha llamado el nuevo modelo de hombre español. ¿Los votos o la mayoría parlamentaria dan potestad para tan absoluto liberticidio y absurdo?, ¿quieren estos aprendices de socialistas marcar a los varones españoles como deben ser sus conductas, rasgos, pensamientos y creencias individuales en base a construcciones ideológicas de lo que el tiempo histórico actual marca? Yo desde mi particularidad marco mi yo, mi forma de ser hombre y de expresarme como tal. Puede que nunca sea avanzado, moderno o contemporáneo, la verdad tampoco me preocupa, pero tengo claro que mi modelo de hombre lo creo en base a lo que considero justo y adecuado. Ningún ministro o ministra tendrá nunca derecho a marcar como debo ser yo ni nadie, ni decidirá lo que se entiende como vivir conforme a la actualidad, ya que lo soy por vivir en este momento, por eso soy actual, no por creer en estas u otras ideas o comportarme en base a ciertos parámetros, clichés o adoptar posturas en multitud de casos gobernadas más que por la naturaleza humana y su sentir por la nueva ideología opresiva de lo políticamente correcto.

domingo, 14 de junio de 2009

Buena nueva.

Es curioso como la vida te puede atropellar para que te des cuenta de lo que eres, en donde estás y en lo que te has convertido. O mejor aún y como me ha pasado en alguna ocasión se asemeja a cuando el mar te coge y te da vueltas sobre ti mismo, te hace tragar agua y te deja sin aliento en un remolino, parece que te engulle, que te quita la vida en segundos para a continuación escupirte de nuevo a la playa con el desprecio de aquel que se siente y sabe muy superior. La vida puede ser salvaje y no tener compasión, los telediarios están llenos de ejemplos todos los días aunque sería absurdo e insensato por mi parte comparar cualquier cosa que haya podido vivir con alguna de las muchas desgracias que estos nos cuentan con desmesurado esfuerzo, que nadie dude, no pienso hacerlo. Dentro de nuestras posibilidades y de nuestro ámbito desde hace un tiempo creo que no siempre es malo que la vida te golpe y zarandee, te agite y menee, que te ponga de lado y te eche a rodar hasta estar del revés. He aprendido que el no saber ni pensar a donde vas provoca que explores caminos que nunca pensaste encontrar, que no ideaste buscar, que no imaginaste que estuviesen ahí aunque están para todos escondidos tras los algodones de la vida placentera. No afirmo que esos caminos sean todos certeros o incluso que sean buenos o los mejores, ni que ser atropellado o ahogado sea lo mejor que te pueda pasar en la vida, no vaya a ser que si no se me entiende bien en los próximos días pueda ver asombrado en el noticiario que hay gente que se deja atropellar para ver si se cumple lo que yo pueda aquí escribir.
Pero a lo que vamos, hoy y después de muchos meses estoy muy tranquilo, he alcanzado cierto equilibrio después de unos largos meses sin estabilidad y permanencia. La vida me cogió, como en rarísimas ocasiones puedo hacer yo con una mosca y como gigante me guardo en su puño, me agitó y golpeó contra los límites de sus posibilidades para después retornarme al camino absolutamente mareado, distorsionado, aturdido, sin nada claro y con todo en el aire. Las heridas y las contusiones se dejarán ver por mucho tiempo y entiendo que debo mirarlas no como recuerdos del dolor sufrido o de aquello que perdí hace tiempo, sino como muestras de cómo uno puede morir y renacer, deshacerse y hacerse, caer y levantarse, que no siempre es tarde para volver a comenzar ni nada es definitivo mientras se pueda respirar.
Todo lo anterior se justifica por lo que viene a continuación. Recuerdo como si fuera ayer, tampoco ha pasado mucho tiempo ya que forma parte de mi historia más reciente, como, donde y de que forma decidí embarcarme en el camino que hoy estoy a un paso de pisar. Fue en una de esas largas noches de enero a hora muy temprana hasta para el sol, cuando el sueño era lo más buscado y esperado recordándome al gato que se escapa por la noche desapareciendo por un tiempo y que no se sabe cuando volverá. Bien aconsejado la noche anterior me propusieron la posibilidad y forma de irme del país y acepte. De madrugada hablé con mi hermano menor que alegremente decidió ayudarme a mover todo. Supe desde el primer momento que era una de esas decisiones que se toman en momentos críticos y a las cuales, la verdad, no estoy nada acostumbrado. Pero las oportunidades no se dan, ni se muestran, ni se ofrecen todos los días; y no siempre se esta preparado, ni se tienen las maletas hechas o se esta vacío de equipaje para coger los trenes en los que viajan. Para mi se dio en hora y sitio acertado y lo cogí sin pensar. Hoy, cinco meses después, es un hecho, el camino se muestra bajo mis pies, comenzaré una nueva vida en el nuevo mundo dentro de algo más de ocho semanas, mi blog se trasladará conmigo al norte de los USA y espero que siga mutando con su autor como viene haciéndolo. Incluso volver a retomar el pulso a la política española y algo que me apasiona hoy más que ayer, darle especial atención a la americana.
Los que me seguís habitualmente sabéis que no he pasado por mi mejor tiempo, sin duda hoy os doy las gracias por no dejar de hacerlo y me parecía de justicia compartir esta buena nueva con vosotros. Los que no lo hacéis de manera continua supongo que algo habréis notado, algo me ha pasado y también os doy las gracias ya que parece no haberos aburrido si seguís pasando por este espacio. Los que sin querer queriendo han llegado nuevos a este blog, bienvenidos, espero que os guste hoy y mañana; y para terminar, a los que dejaron de leerme adiós, no nos debemos nada, la puerta siempre estará abierta.

martes, 2 de junio de 2009

Reflexiones desde una silla: Periodos de la vida.

Se me ocurre que existen multitud de cambios y periodos a lo largo de la vida: de niño a adolescente y en algunos casos luego, con el tiempo, a adulto paso que llevará a la senectud; de estudiante a universitario, de trabajador, a parado, y de nuevo trabajador y jubilado; de soltero a novio, comprometido, casado y si no tienes suerte, o sí, a divorciado o separado y vuelta a empezar si es necesario o querido – respiro un poco - de apasionado, irreverente, altanero a templado, reflexivo y escrupuloso; de empleado novel a exigente y luego si trabajas o lo consigues a jefe generoso para más tarde desentendido…
¿Sabemos en todo momento en que periodo de la vida nos encontramos? Diría que casi siempre, sin duda hay pasos y etapas que son de proceso fácil o que suceden en la mayor inconsciencia o las dos a la vez. Estos normalmente son fases propias de la naturaleza de la vida y nos cambian el aspecto, la estatura o la voz. También existen momentos dolorosos y gozosos, críticos y determinantes en la vida de uno que forjan el Ser de cada individuo por dentro, su personalidad, sus miedos, sus principios y su juicio; estas podríamos considerarlas parte de la vida en sociedad. Nuestro sentir, valorar y mirar cambia aunque es sólo visible para ciertos ojos. Las naturales las compartimos todos y se desarrollan en los mismos años, las sociales aún siendo también las mismas para todos (muertes, accidentes, rupturas, males, sin sabores y un largo etcétera) las sufrimos en momentos diferentes de nuestra historia individual y por lo tanto nos afectan y las afrontamos de manera diferente.
Me atrevería a decir que cuando uno desconoce o no esta seguro en que fase se encuentra es que se haya en transición de una a otra. El como se afronte y que se haga en el periodo intermedio es determinante para el significado del próximo ciclo. Las decisiones que se tomen, muy posiblemente, en el periodo transitorio son causa de los efectos que te llevarán al desenlace final del ciclo que se inicia. Además cada etapa y transición se verá impregnada e influenciada de la vivencia más reciente del periodo anterior. Toda transición puede tener un carácter doloroso o no tenerlo, aun asi lo que ha provocado el momento transitorio será de gran importancia para entender la profundidad del cambio que estas dispuesto a realizar; a esto le sumaría, también, el grado de insatisfacción existencial en el que te encuentres.
¿Sabemos que el paso de un periodo a otro es obligado o necesario como el respirar es a la vida? Seguro, lo malo es no poder elegir ni el orden, ni el momento de casi ninguno. Que fabuloso o terrorífico juego sería el poder fragmentar la línea continua que es la vida, desordenar la estructura de nuestra existencia, revolver los pasos de las edades para después considerar y elegir el momento en que se quiere empezar, desarrollar, consolidar y decaer; y con ello, claro está, las vivencias que se realizan en cada una de ellas y ser más consciente que nunca como la repetición de hechos y sucesos son parte de la gran farsa que es la vida.

martes, 26 de mayo de 2009

Dulce belleza sencilla.

Era un periodo de transición estacional, entre el invierno y la primavera, de esos días madrileños donde hay la luminosidad primaveral y al mismo tiempo un suave frío que se combate con ropa de entretiempo. El anden del metro fuera de hora punta, semivacío, debía haber pasado no hace mucho el último tren. Él se encontraba a la espera, sentado en uno de los bancos, leyendo, sin mirar a nadie, absorto en su novela. No se dio cuenta de su presencia hasta pasado un rato, en el momento que tuvo que pasar página se vio obligado a salir de su aventura literaria y al levantar la cabeza la vio. Ella era de mediana estatura, de belleza sencilla, austera y limpia, no pretendida ni buscada, posiblemente estudiante de largo recorrido. En el bolso colgaban desordenadamente lo que parecían ser apuntes, erguida y concentrada leía un libro en el que él, a lo largo del viaje, pondría todo su interés en conseguir averiguar. Vaqueros azules claros y desgastados, sin rotos, fuera de la moda actual, chaqueta vaquera verde, pelo castaño claro recogido en dos trenzas que se posaban delicadamente sobre sus hombros.
Él no sabía bien que fuerza desconocida no sensible, abstracta y etérea le atraía hacia ella pero esta no le dejaba volver al libro: una, dos, tres líneas y cabeza de nuevo al frente. La gravedad parecía haberse puesto del revés ya que era incapaz de bajar la testa y retomar la novela. Llega el tren y suben al mismo vagón, los asientos ocupados, de pie los dos, tres pasos de separación. Él se pregunta: ¿qué libro lee?, ¿vivirá por el barrio?, es más, ¿se bajará en mi parada?, ojalá me regale un rato más de su tiempo, sino –pensó- soy capaz de esperarme a ver cual es, aunque me vea obligado recorrer toda la línea del metro. Mirarla y bajar la cabeza, intentar leer y pensar si sigue ahí, subir la mirada y comprobar que no es un espejismo, desear que mire y mirar, búsqueda de un encuentro mantenido bajo la comunicación de los sentidos. Deseaba que dejase su libro y fuese presa del mismo campo de fuerza al que él estaba sometido gustosamente.
Una parada y gente que sube, cuerpos que se interponen entre los dos, ella en el libro, él en espera de ella y… ¿que libro será? Sin duda la tiene enganchada. Dos paradas sin levantar la cabeza, y otra vez puertas que se abren y se cierran. ¡Ay! se queda y no baja, poco recorrido me queda, mira el panel: una, dos, tres paradas. Nueva estación con su entrada y salida de viajeros, como al inicio nada más que el aire y el pudor se interpone entre ellos: ¡más no se puede mirar! más intención no se puede poner, las leyes del decoro no lo permiten.
Finalmente a él no le queda otra que apearse, ha quedado muy a su pesar. En el ultimo momento consigue ver el autor y nombre del libro “Los renglones torcidos de Dios” de Torcuato Luca de Tena, sin duda su obra más conocida, le hubiese encantado atreverse y decirle que de Torcuato el bueno, bueno aunque desconocido es “Escrito en las olas”. Se despide pensando: hasta otra dulce belleza sencilla, hasta otra estación, otra línea, otro día u otra vida.

domingo, 10 de mayo de 2009

Y en los bolsillos un espejo.

Hace algunos meses le dijeron que con él no había futuro, desde ese día buscaba, rebuscaba e incluso rascaba en sus bolsillos una respuesta a tan grave afirmación, a tan mal augurio. Nunca encontró nada en estos y por ello el miedo le sobrecogía y le agarrotaba. Una noche tras otra una cama solitaria con la única compañía de un libro, era todo lo que le esperaba en casa. Todas las mañanas el despertador le recordaba que seguía habiendo vida, que el sol cumple de forma castrense con su horario, no se para a pensar y menos se preocupa por los sucesos diarios que pasan bajo su guardia. Todas las mañanas abandonaba en las sabanas su estabilidad, su desvelo o su olvido, ya sólo quedaba eso en su colchón, nada más que eso. Hace algunos días volvió a mirar en sus bolsillos en busca una vez más de alguna respuesta y sorprendido sacó un pequeño espejo, la respuesta la encontró en el reflejo. Sólo estaba él, sólo él era el futuro, no había nadie acompañándolo y por tanto nadie más que él podía participar, decidir o definir cuál era su futuro. Levantó la cabeza y miró al frente, nada tenía pero nada debía, nunca fue más suya su vida por mucho que le costase darse cuenta de ello…

Mientras escribo el sol brilla y calienta con fuerza en Madrid, parece que ha comprado el mejor abono de la temporada primavera-verano desde donde ver impertérrito, sin nube ninguna que le pueda hacer sombra, lo que pasa en las aceras de la capital, cómo viven las gentes que forman la intrahistoria de esta España de los cuatro millones de parados y subiendo. El calor ha llegado y en ocasiones al girar la esquina olor a verano, todavía es leve, en ocasiones casi imperceptible pero ya comienzo a percibirlo, a esperarlo. Da la sensación de que la primavera esta avanzada, todo ha florecido de nuevo, lejos parecen las fuertes nevadas del crudo e inolvidable invierno. Los hombros, lo corto y la chancleta comienzan a dejarse ver, por el contrario mi estado es de un otoño constante, debate diario de que me pongo: gris o luminoso, de austeridad y seriedad en lo aparente pero barroco en el sentir, de cambio e indefinición.
Cambio y ruptura es el principio rector que conduce mi vida hoy, todo sentimiento o sensación me dura lo que se tarda en chasquear los dedos, puedo estar tan pronto triste como contento, felicidad es una estación en reconstrucción: “Sentimos las molestias. Trabajamos en las mejoras de su bienestar”. Nada de lo que hago hoy tiene carácter de posteridad, de hacerse añejo en el tiempo y al mismo tiempo e inevitablemente vivo en un momento de ruptura que definirá mi mañana. Comienzo, dentro de mi miopía actual, a vislumbrar un camino en el horizonte aunque su final se pierde en la inmensidad dejándome alguna duda. Las líneas que escribo aquí en breve serán simples reflejos de una época de mi vida, hasta hoy la más difícil sin duda, pero que dentro de un tiempo, meses espero, tal vez años podré releer para reír, llorar, pensar o simplemente entender mejor por que estoy donde este.
No puedo negar que vengo pensando que nunca llegué a tiempo a nada, sin embargo nadie podrá quitarme que terminé llegando; no puedo negar que nunca luché por nada con un esfuerzo desmesurado, pero hoy estoy dando la batalla más que nunca, centímetro a centímetro, día a día, paso a paso; no puedo negar que la vida me trató siempre con delicadeza, que siempre me arroparon aunque hoy paso frío y la vida me es áspera y ruda… sí, es cierto, no consigue ahogarme aún así: ¡como aprieta amigo!. No obstante me siento en un estado de constante melancolía y por contradictorio que parezca, al mismo tiempo, me encuentro más vivo que nunca, más sentido que nunca, todo por tonto que sea, por insignificante su pretensión me llega, me alcanza, lo siento como único, limitado e infinito, me llena los pulmones de aire fresco y renovado.
No hace muchos meses la vida en forma de mujer me dio a elegir dos opciones: hoyo u oscuridad, elegí la segunda sabedor de que no se puede vivir en tinieblas siempre, que el ojo termina adaptándose a la falta de luz, termina percibiendo cuanto menos las siluetas, que como dice N. Mainer “… siempre hay alguien que te echa una mano…”, el fondo es un piso al que nuca se debe llegar.
Para terminar y con cierta intención de excusarme por ser consciente de que mi constante uso de este espacio como modo de terapia -mis disculpas pero me resulta más sencillo expresar a través de la escritura que usando la palabra-, puede terminar siendo repetitivo o aburrido o las dos a la vez. Pero la verdad no me apetece mucho volver a adentrarme en el comentario político, entre otras cosas por que me genera una profunda tristeza ver el actual estado de cosas, de partidos, de electores, de políticos, de los sindicatos y por tanto no puedo jurar que volveré a la senda que abandone por motivos vitales hace algunos meses, o que combinaré los textos, además perdí de vista ese camino hace algún tiempo. Lo que no puedo hacer es faltar a mi palabra, no me gustaría, los que me conocen y me tratan saben que la tengo enorme aprecio y cuido con esmero.

martes, 28 de abril de 2009

Reflexiones desde una silla


"…Porque ni el pasado ni el futuro podría nadie perderlo. Porque de lo que no se tiene ¿cómo podría uno desprenderse?..."
Marco Aurelio, “Meditaciones” punto 14 del libro II

Es claro y diáfano que no nos podemos desprender del pasado; y del futuro: ¡Dios dirá!, y lo único que nos pertenece es el presente. Eso no significa que el futuro y el pasado sean la misma cosa. El primero es impredecible y sólo se puede actuar en él de una manera limitada. Me atrevería a decir que cuando la vida te golpea o te acaricia, si por un segundo (no muy largo) aceptamos que el destino está escrito, éste viene de su mañana para arrebatarte tu presente al que crees, en la cotidianidad del día a día, tienes tan controlado, tan domesticado. El pasado, sin embargo, en cierto modo ya es parte de nosotros, se adhiere a nosotros, lo hemos acomodado en nuestro bagaje personal, esto ultimo Jiménez Losantos lo tildaría de cursi, no sé si por qué lo dijo en una ocasión el Faraón o por qué lo cree sinceramente, la verdad, en ocasiones ya no sé distingue sus guerras personales de sus creencias sinceras.
Lo cierto es que hoy somos ayer, que nuestro pasado es parte de nosotros, que no seríamos los mismos sin él y que éste influye en nuestro presente y por tanto lo hace en el futuro. El pasado nos ha moldeado: sus tristezas, alegrías, dramas, festejos y sobresaltos nos han hecho diferentes, nos han cambiado el rostro y la mirada. El pasado no nos pertenece ni nosotros a él.
En ocasiones algunos amigos, supongo que en unos de mis momentos en que gusto hacerme el interesante, me habrán oído proclamar solemnemente: “hay que estar en paz con tu pasado” ¡Cómo si fuera el jodido Tony Soprano que tiene más fantasmas a sus espaldas que queridas en Nueva Jersey! Pero es cierto, por vago que sea, es más lo creo sin dudar, es fundamental estar en armonía con tu ayer, hay que aceptarlo. De todas formas no seré yo el que diga que tiene un pretérito tormentoso, mis queridos padres no me lo permitirían, ellos si que han pasado un pasado malo conmigo. Y sé de primera mano que algunos de mis lectores han tenido días bastantes más crudos que los míos. No seré yo el que clame aquí por lo que le ha pasado, o le que le han hecho, muchos habéis mostrado vuestras mejores caras en las peores caídas, resbalones, o crujido de rodillas y ya sabéis que siempre hay que caer mirando hacia arriba. No os digo nada nuevo, sólo os lo repito.
Ahora me pregunto: ¿por qué escribo esto?, no es lo habitual aunque mis salidas de pata de banco comienzan a serlo. Reconozco que el blog está mutando con su autor. Lo cierto y real es que me encontraba en el vapor de la ducha después de haberme liado con mi amiga María y se me han ocurrido la mitad de estas cosas y la otra mitad me han ido saliendo a la vez que escribía, en serio, como dice el anuncio de Telemadrid de las pelis del miércoles: un texto sin cortes…bueno casi.

martes, 14 de abril de 2009

Incluso hoy...

Incluso hoy que una espesa capa de nubes no han permitido que el sol de Madrid pudiera salir y hacer su trabajo y han helado mi día con su fría lluvia me siento afortunado.
Incluso hoy que no puedo evitar que se me fugue una lágrima después de un tiempo sin goteras me siento afortunado.
Incluso hoy que en multitud de ocasiones me siento caliente por fuera y frío por dentro me siento afortunado.
Incluso hoy que siento y veo el futuro más inestable y negro que nunca me siento afortunado.
Incluso hoy que tengo a la persona que tanto amé tan lejos me siento afortunado.
Incluso hoy que me siento más cerca y arropado por mis hermanos que en cualquier otro momento de mi vida me siento desafortunado.
Incluso hoy que sé mejor que nunca quienes me apoyan y quienes me quieren me siento desafortunado.
Incluso hoy que me regalan una dulce mirada de ojos color miel me siento desafortunado.
Incluso hoy que trabajo por proyectos que me renuevan e ilusionan me siento desafortunado.
Incluso hoy que utilizo el dolor y la tristeza que siento y albergo como fuerza para escribir me siento afortunado.
Incluso hoy que vivo en un mundo de crisis mundial y personal me siento afortunado.
Incluso hoy que necesito parar de trabajar para escribir esto como única medicina que sana mi garganta seca y ojos inundados me siento afortunado.
Afortunado y desafortunado me siento, en que péndulo me encuentro, que futuro albergo, que soy y como respirar.