miércoles, 1 de julio de 2009

Él lo sentía así.


Lleva varios días desestabilizado en lo sentimental, aunque por razones bien diferentes a motivaciones pretéritas. El marchito y seco árbol que fue su corazón parece reverdecer en estos días. Un sol cálido con fragancia de mujer le ha hecho palpitar de nuevo su destrozado corazón; éste no estaba en pleno funcionamiento, partido en mil pedazos por un rayo se ha ido reconstruyendo no sin mucho dolor, paciencia y tiempo. Lo reconstruido ya late, muestra vigor y con fuerza comienza a retomar el bombeo que riega su organismo al cual da vida y su sentir que le da sentido a ésta.
Llevaba una semana muy sorprendido consigo mismo, él había pensado en multitud de horas, momentos, conversaciones y lugares que tardaría en volver a sentirse interesado por una mujer. La herida todavía es reciente, en ocasiones le pica, se rasca y una gota de sangre se descuelga de lo cicatrizado aunque enseguida para y encuentra acomodo en otra parte de su cuerpo fortaleciéndolo. Ahora otra mujer se ha introducido en su pensamiento, forma parte de la lista de preocupaciones que repasa día a día. Sin duda se instaló con su consentimiento, a una velocidad envenenada y dejando el regusto de una droga que te mantiene con las ganas de repetir de nuevo.
Estás tonto, ¿o qué? Se repetía casi a diario, en cada momento que se sorprendía recordando miradas, sonrisas, conversaciones enteras que transcurrieron tan rápido por ignorar que estaban contadas por el Dios Cronos. Sé daba cuenta que su fragancia debía de estar tan de moda como las gafas de aviador al estilo Top Gun que se ven por todo Madrid. En cualquier lugar y momento al pasar una mujer ella estaba de nuevo presente, en el momento que se levantaba una pequeña brisa el aroma de su perfume viajaba hasta introducirse por todos los poros de su piel y ella volvía a estar presente dando impulso una vez más a la rueca que es el pensamiento. Qué difícil resulta quitarse de la cabeza a alguien que sin darte cuenta ya forma parte de ella.
La historia no era reciente pero tampoco lejana, recordaba que intimaron cuando el abrigo todavía era necesario para poder pasear por Madrid, que la noche llegaba en seguida, que se dormía arropado en la cama, que el sol todavía acariciaba. El primer encuentro fue de lo más inocente, no hubo intención de nada, surgió sin esperarlo o meditarlo. La sorpresa fue máxima, el asombro superlativo, la inquietud constante, el interés se fue robusteciendo con el pasar de las horas y los días. Se vieron tres o cuatro veces, compartieron cañas, tapas, cine y cena. Él no vivía su mejor momento, su ánimo era bajo, las dudas le asaltaban constantemente y aún así le guardaba sus mejores sonrisas, sus mejores momentos del día los empaquetaba con la indicación: no abrir hasta estar delante de ella. De todas formas la historia no fructificó. Con el paso del tiempo él lo fue entendiendo mejor, volvió a concentrarse en sus cosas, lo analizó bien, sabía que no podía ser, que tenía fecha de caducidad por razones propias, que por mucho que en un principio no fuese lo querido si era lo más acertado. Incluso concluyó que posiblemente estaba buscando, sin darse cuenta, lo que acababa de perder no hacia mucho, y eso no era certero.
Paso el tiempo y aunque presente en el pensamiento unas cosas fueron tapando otras, los días y las semanas transcurrieron. Hasta no hace muchos días, algo les quedaba pendiente todavía, el encuentro fue inevitable y en parte deseado. Para él la chispa saltó de nuevo, el tiempo transcurrido había curado parte de la herida que le mantuvo triste e inestable en el pasado, la mirada había cambiado, la tranquilidad que le habían dado la resolución de los proyectos iniciados le daban soltura, estabilidad, consistencia y aún así sucumbió igual que las primeras veces. Hay algo en ella que no le permite terminar, que le da permanencia en lo más profundo de su sentir. Se dijo mil veces que fue un momento pasajero, un capricho muy dulce que formó parte de unas circunstancias muy concretas y en parte poco afortunadas. Pero este reencuentro con la consiguiente renovación del nerviosismo y el que retome la estancia permanente en su pensamiento le da muestras de que para él, en el fondo, fue algo más, tenga continuaciones o no, sea compartido o simplemente propio, sea querido o aborrecido, voluntario o involuntario, buscado o renunciado, fatigoso o ligero. Él lo sentía así.

martes, 23 de junio de 2009

Divagaciones nocturnas.

El calor ya no sólo pertenece al día también se asienta en las noches madrileñas; sin compartir espacio con la luna por cuestión de tiempo el sol le deja una calida marca a lo largo de la noche. No hay ni un átomo de brisa a ninguna hora y en ningún lugar, ni los pájaros pían ya por asfixia y si lo hacen la inexistencia de aire que lleve su canto más allá de sus compactos y plumíferos cuellos los condena al olvido. Son la 1 y 24 de la mañana de un lunes, creo que oficialmente el primero de verano, me levanto de la cama ocurriéndoseme el escribir alguna de estas líneas que aquí público ya que el calor y mi mente no paran, la primera de hacerme dar vueltas en busca de un lado medio frío, la otra gira por propia inercia. La programación televisiva nocturna del lunes es de las más decentes de la semana, cuanto menos en Telemadrid echan uno de mis programas favoritos: “Madrileños por el mundo”, que muchos seguro vemos preguntándonos: ¿donde nos vamos hoy? Y, yo ahora con mayor expectación ya que en breve, y me hace cada vez más gracia pensarlo puede, a lo mejor, igual, quizás participar en el programa alguno de estos días. A éste le sigue “Diario de la noche” presentado por, el que considero algo resentido desde su expulsión de El País, Hermann Tertsch, en mi casa conocido como Hermann Hesse por mi hermano mayor, y por mi algo más rebuscado e incluso ofensivo por Hermann Hess comparándolo con Rudolf debido a su fuerte negatividad e incluso agresividad en sus editoriales, comentarios y entrevistas. En casa nos tomamos con guasa el hecho de que parece que cobra las sonrisas, ¡joder Herman parece que imitas a Horatio de CSI! éste con las miradas y tú con las sonrisas. Él, estoy seguro las cobra bien y ofrece dos o tres por capitulo. Tú, en cambio, te encontrarías en la mayor de las indigencias si de estas dependiese tú nómina; es que ni en el anuncio que publicita el telediario ¡Sonríe coño! Que a mi entender tienes el mejor diario del día aunque sea nocturno.
Más allá de esta tontería que ahora ha traspasado las puertas de mi casa la cuestión es que habiendo visto estos dos programas y embriagado por la compañía de mi amiga María me dispongo a continuar leyendo “Tiempo nublado” de Octavio Paz, que por cierto recomiendo a todo aquel que este interesado por el ensayo histórico-político. En él, hace algunos ensayos nombró al autor M. Kundera, que por mi extensa ignorancia sólo conozco gracias al blog de un buen amigo que tiene colgada una cita suya: "Desprecia la literatura en la que los autores delatan todas sus intimidades y las de sus amigos. La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo." La leí hace algunos meses y me hizo dudar sobre el nuevo camino que en ese momento estaba imprimiendo al blog, es más que evidente que le hice poco caso.
En contraposición a está me acordé de una de mis escenas favoritas del cine enclavada en “Doctor Zhivago”. En un descanso del largo y frío camino a Yuriatín Zhivago se pierde con la mala suerte de caer ante el tren de Stresnikov, ferviente revolucionario desde el 17 y oficial famoso por su crueldad, ortodoxia socialista y oficial al mando de uno de los frentes contra los blancos. Éste le dice a Zhivago, una vez reconocido, que él leía antes de la Revolución sus poemas, incluso admite que le gustaban pero que después de la Revolución los encuentra demasiado individualistas e intimistas, concluyendo: la vida privada en Rusia ha muerto.
Lo privado, lo individual, lo intimo desaparece para dar paso a lo público, colectivo y externo. De esta forma tan indirecta me doy cuenta de que estos últimos meses, podría decir, he reafirmado mi carácter liberal en este espacio, que hablar de lo personal si nos metemos en lo ideológico pertenece al liberalismo. No hay nada más libre que un individuo cualquiera expresando sus sentimientos, y no hay duda que más allá de su singularidad estos son compartidos por una generalidad. Desde la individualidad se construye de una manera más fehaciente, más sincera y más ajustada una colectividad, y no al contrario. No hay masa, pueblo, nación o sociedad inteligente y crítica si en ella no hay libertad individual. Detesto a aquellos que se arrogan, normalmente siempre desde el poder, la autoridad de expender licencias de lo que es moderno, avanzado, justo, acertado, digno o correcto y al mismo tiempo su contrario lo que es retrógrado, pretérito, rancio, indigno o carca. Sirva como ejemplo que no hace muchos días desde el ministerio, más totalitario de Europa por su denominación, de Igualdad que pretende con su más que probada indocta ministra – ¿para ser coherente no debería ocuparse del ministerio dos ministros, uno mujer y otro varón? - y desde arriba formar lo que ella ha llamado el nuevo modelo de hombre español. ¿Los votos o la mayoría parlamentaria dan potestad para tan absoluto liberticidio y absurdo?, ¿quieren estos aprendices de socialistas marcar a los varones españoles como deben ser sus conductas, rasgos, pensamientos y creencias individuales en base a construcciones ideológicas de lo que el tiempo histórico actual marca? Yo desde mi particularidad marco mi yo, mi forma de ser hombre y de expresarme como tal. Puede que nunca sea avanzado, moderno o contemporáneo, la verdad tampoco me preocupa, pero tengo claro que mi modelo de hombre lo creo en base a lo que considero justo y adecuado. Ningún ministro o ministra tendrá nunca derecho a marcar como debo ser yo ni nadie, ni decidirá lo que se entiende como vivir conforme a la actualidad, ya que lo soy por vivir en este momento, por eso soy actual, no por creer en estas u otras ideas o comportarme en base a ciertos parámetros, clichés o adoptar posturas en multitud de casos gobernadas más que por la naturaleza humana y su sentir por la nueva ideología opresiva de lo políticamente correcto.

domingo, 14 de junio de 2009

Buena nueva.

Es curioso como la vida te puede atropellar para que te des cuenta de lo que eres, en donde estás y en lo que te has convertido. O mejor aún y como me ha pasado en alguna ocasión se asemeja a cuando el mar te coge y te da vueltas sobre ti mismo, te hace tragar agua y te deja sin aliento en un remolino, parece que te engulle, que te quita la vida en segundos para a continuación escupirte de nuevo a la playa con el desprecio de aquel que se siente y sabe muy superior. La vida puede ser salvaje y no tener compasión, los telediarios están llenos de ejemplos todos los días aunque sería absurdo e insensato por mi parte comparar cualquier cosa que haya podido vivir con alguna de las muchas desgracias que estos nos cuentan con desmesurado esfuerzo, que nadie dude, no pienso hacerlo. Dentro de nuestras posibilidades y de nuestro ámbito desde hace un tiempo creo que no siempre es malo que la vida te golpe y zarandee, te agite y menee, que te ponga de lado y te eche a rodar hasta estar del revés. He aprendido que el no saber ni pensar a donde vas provoca que explores caminos que nunca pensaste encontrar, que no ideaste buscar, que no imaginaste que estuviesen ahí aunque están para todos escondidos tras los algodones de la vida placentera. No afirmo que esos caminos sean todos certeros o incluso que sean buenos o los mejores, ni que ser atropellado o ahogado sea lo mejor que te pueda pasar en la vida, no vaya a ser que si no se me entiende bien en los próximos días pueda ver asombrado en el noticiario que hay gente que se deja atropellar para ver si se cumple lo que yo pueda aquí escribir.
Pero a lo que vamos, hoy y después de muchos meses estoy muy tranquilo, he alcanzado cierto equilibrio después de unos largos meses sin estabilidad y permanencia. La vida me cogió, como en rarísimas ocasiones puedo hacer yo con una mosca y como gigante me guardo en su puño, me agitó y golpeó contra los límites de sus posibilidades para después retornarme al camino absolutamente mareado, distorsionado, aturdido, sin nada claro y con todo en el aire. Las heridas y las contusiones se dejarán ver por mucho tiempo y entiendo que debo mirarlas no como recuerdos del dolor sufrido o de aquello que perdí hace tiempo, sino como muestras de cómo uno puede morir y renacer, deshacerse y hacerse, caer y levantarse, que no siempre es tarde para volver a comenzar ni nada es definitivo mientras se pueda respirar.
Todo lo anterior se justifica por lo que viene a continuación. Recuerdo como si fuera ayer, tampoco ha pasado mucho tiempo ya que forma parte de mi historia más reciente, como, donde y de que forma decidí embarcarme en el camino que hoy estoy a un paso de pisar. Fue en una de esas largas noches de enero a hora muy temprana hasta para el sol, cuando el sueño era lo más buscado y esperado recordándome al gato que se escapa por la noche desapareciendo por un tiempo y que no se sabe cuando volverá. Bien aconsejado la noche anterior me propusieron la posibilidad y forma de irme del país y acepte. De madrugada hablé con mi hermano menor que alegremente decidió ayudarme a mover todo. Supe desde el primer momento que era una de esas decisiones que se toman en momentos críticos y a las cuales, la verdad, no estoy nada acostumbrado. Pero las oportunidades no se dan, ni se muestran, ni se ofrecen todos los días; y no siempre se esta preparado, ni se tienen las maletas hechas o se esta vacío de equipaje para coger los trenes en los que viajan. Para mi se dio en hora y sitio acertado y lo cogí sin pensar. Hoy, cinco meses después, es un hecho, el camino se muestra bajo mis pies, comenzaré una nueva vida en el nuevo mundo dentro de algo más de ocho semanas, mi blog se trasladará conmigo al norte de los USA y espero que siga mutando con su autor como viene haciéndolo. Incluso volver a retomar el pulso a la política española y algo que me apasiona hoy más que ayer, darle especial atención a la americana.
Los que me seguís habitualmente sabéis que no he pasado por mi mejor tiempo, sin duda hoy os doy las gracias por no dejar de hacerlo y me parecía de justicia compartir esta buena nueva con vosotros. Los que no lo hacéis de manera continua supongo que algo habréis notado, algo me ha pasado y también os doy las gracias ya que parece no haberos aburrido si seguís pasando por este espacio. Los que sin querer queriendo han llegado nuevos a este blog, bienvenidos, espero que os guste hoy y mañana; y para terminar, a los que dejaron de leerme adiós, no nos debemos nada, la puerta siempre estará abierta.