martes, 17 de febrero de 2009

Intimo

El tiempo comienza a cambiar en Madrid después de un invierno que será recordado por la sociedad y por las estadísticas como uno de los más fríos de las últimas décadas. Un comienzo de año donde el clima y ánimo se han acoplado a la perfección, parecían uno; sin embargo el tiempo comienza a mejorar, el sol se muestra, gana protagonismo en su feudo que es el cielo y se hace sentir, las nubes se apartan y desaparecen. Mi ánimo, por el contrario, se tambalea como un borracho en la noche madrileña, unos días me muestro medianamente contento y con algo de ánimo, y otros me siento triste y apático, aun así coinciden en un punto, gran parte de la jornada un solo pensamiento ocupa mi mente, mil preguntas, análisis y reflexiones interfieren en mi cabeza, justo aquellas que desearía que no estuviesen, aquellas que tanto daño me provocan y a las que espero ir eliminando poco a poco.
Hay momentos que me comparo con los árboles que me encuentro diariamente: frío, desnudo, desprotegido, gris, parado, vacío, en espera de volver a la vida, de dejar está estación que me obliga a caer en un estado desánimo para luego florecer, sabedor de que es sólo cuestión de tiempo, y aunque el echo de ser mortal y ser consciente de ello provoca cierta impaciencia siempre me repito: esto pasará. El Sr Felicidad es un muerto viviente, el día no brilla como antes, la noche es muy larga y mis sueños muy cortos, placeres como la lectura, la comida o el escribir han perdido gran parte de su sabor. Pero el comenzar a ver el sol, el poder sentarme en la calle y contemplar como pasa la gente sin necesidad de arrugarme en mi mismo debido al frío me supone una mejora infinita, ¡gracias dios Sol por existir, calentar y dar la vida! No es fácil pasar por lo que paso, continuar sin mirar atrás, sin recordar un pasado feliz roto en días que costó mucho construir. No es fácil saber que todo aquello que creías y pensabas como ideal y perfecto se viene abajo cual castillo de naipes golpeado por una racha de viento en un segundo, minuto o día. No estar seguro ni donde pisas ni a donde vas; que lo que tanto esperabas, aquello que habías deseado y ansiado como niño en la noche de Reyes Magos sólo es un bonito envoltorio, una ilusión que embellece un regalo realmente envenenado y traicionero que te hiere de tal forma que suturar la herida será difícil y convencido estoy de que dejará una cicatriz profunda, marcada e intemporal.
Hoy el país se encuentra conmigo en crisis, los dos estamos en un momento histórico de nuestra existencia, lo que hagamos ahora decidirá nuestro futuro, el camino ni es fácil de encontrar ni es recto y único, se oculta y se esconde a cada tramo. Pero desde aquí quiero mandar este mensaje: en el estado actual todos debemos saber cuanto menos dos cosas: primero, que sólo en los malos momentos, en las situaciones críticas es cuando las personas o los pueblos se muestran más fuertes que nunca, más solícitos que en el pasado, más solidarios y cercanos, más dispuestos al sacrificio y asumir conjuntamente los problemas dejando claramente y en evidencia a aquellos que sólo encuentras cuando todo va bien, cuando la alegría, la riqueza o la prosperidad es lo que domina y abunda; y que la esperanza, la fe o la necesidad de creer en un futuro mejor es imprescindible para el ser humano al igual que para las naciones, sin el tren llamado Esperanza y dirección futuro sólo cabe la depresión, la incapacidad, la inacción, la desesperanza y ninguno de los dos debemos caer en ella.
Como ya he dicho no todo debe ser desesperanza e infelicidad aunque sólo sea por que en estos momentos hay personas que te demuestran su gran corazón y valía, que lucen con luz propia cuando lo que hay es una oscuridad densa e inabarcable y a los que yo desde aquí no puedo dejar de nombrar. Agradecer a mi familia y muy especialmente a mis hermanos que sin ella no sabría donde estaría, y a ellos que han puesto el listón muy alto, deseo poder estar al mismo nivel; a mi cuñada y, sin duda y en mayúscula, a mi no cuñada que me han ofrecido mucho cariño, compresión y ánimo; a mis amigos, especialmente a dos con sus respectivas novias, sabéis que estoy para lo que necesitéis.

Esto sólo es el final de una vida y el principio de otra, nada dura eternamente ni nada acaba definitivamente, todo sigue. ¡Sigamos pues!

2 comentarios:

Marta (mamá de Rafael) dijo...

Edu, me ha encantado!!! Me ha sorprendido lo bien que escribes, ya sabes, tienes que luchar por dedicarte a esto. Los malos tiempos se irán y vendrán los buenos, ya nos reiremos del pasado. Marta de Caja Madrid.

Anónimo dijo...

Señor Isabelino:

resulta reconfortante leerte estas líneas; saber que eres consciente de tu gran capacidad de superación, de tu estoicismo, de tu amor a la vida. A esa misma vida que nos pone en aprietos, nos abofetea, la que a veces (y gracias a Dios sólo a veces) nos agarra de la entrepierna mientras nos mira directa y amenazadoramente a los ojos, pero que en otras nos regala experiencias maravillosas, caricias y guiños sorprendentes, aquella vida que no permite que llueva eternamente. Por que nunca llueve eternamente, brindo por ti, amigo.

Señor Gris.